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la autoestima de tus hijos

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Podemos definir la autoestima en cómo nos percibimos y cómo nos sentimos con nosotros mismos, ya desde muy pequeños recibimos mensajes sobre nosotros de nuestro entorno. A veces esos mensajes más explícitos como “eres un vago”, “si no apruebas el curso no serás nadie”… Otras veces esos mensaje no son tan claros, esto es, a través de cómo se comportan los demás hacia nosotros, por ejemplo, si un madre está más pendiente de un hermano que de otro a la hora de las comidas, éste puede verse como menos importante.

Así nos hacemos una idea de “como somos”, aunque  eso no significa que seamos así… sino que los demás nos han destacado ciertas cosas omitiendo muchos otros aspectos que podemos tener.

Claves para potenciar la autoestima de tus hijos

Si quieres ayudar a tus hijos a tener una mejor autoestima:

Acéptalo como es, con sus cualidades (díselas) y sus defectos.

Percíbelo capaz de mejorar y superarse y así le enseñarás a percibirse a sí mismo como tal. Y querrá mejorar y superarse.

Cuando se equivoque en algo, está bien que sepa en qué se ha equivocado, y explícale como puede hacerlo mejor.

Exprésale tu cariño, ya sea verbalmente o a través del lenguaje no verbal (miradas, caricias, abrazos, etc.). Si reciben tu amor ellos también aprenderán a quererse y a querer y valorar todo los demás.

Para sentirse responsables y autónomos ofrécele pequeñas tareas de responsabilidad (poner la mesa, encargarse de cuidar una planta…)sentiran que contribuyen con lo que hacen y se sentirán importantes y útiles.

Favorece la sociabilización de tus hijos con compañeros de clase, con amigos, con niños distintos a los de su “círculo” habitual con juegos y  con actividades extraescolares. Así aprenderán habilidades sociales necesarias para las relaciones sociales y para la autoestima.

Si confías en tus hijos, con sus virtudes y defectos, hará que ellos aprendan a confiar en ellos mismos y en los demás.

 

Ana Langarita Sánchez.

Psicóloga A-2237

Pidan cita en la consulta sin compromiso, 976 29 68 33

consejos para motivar a sus hijos

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Usted quiere a sus hijos incondicionalmente. Pasa tiempo con ellos. Les da regalos. Les proporciona todo lo que necesitan. Pero de alguna manera parecen no apreciarlo. Se quejan de sus vidas. Y uno se pregunta a sí mismo: “¿Por qué no se aprecian todo lo que hago por ellos?”

Después de trabajar con niños una se da cuenta de que hay muchos errores comunes que los padres ni siquiera saben que están haciendo.

Voy a explicar 5 de estos errores, que pueden estar causando que su hijo sea infeliz y sin motivación. (Algunos de ellos les puede sorprender por ser errores!)

1-La fabricación de sus hijos el centro del universo.

¿Tiene horario de su familia giran en torno a sus hijos? .Sus tareas, sus necesidades, sus actividades, sus clases de música…Por supuesto, los niños tienen necesidades prácticas. Pero cuando todo gira alrededor de ellos y cuando están constantemente pensando acerca de sí mismos – en lugar de centrarse en las necesidades de los demás – son más propensos a ser infeliz. Así que permitirá a sus hijos a disfrutar de un ambiente familiar donde otros reciben tanta atención como lo hacen. Ellos se benefician de ella.

2-diciendo constantemente a sus hijos lo especiales que son.

“¡Puede ser lo que quieras ser”. “¡Has hecho un trabajo fantástico!”,”¡Eres tan listo!”. Si usted dice este tipo de cosas a sus hijos con demasiada frecuencia, pueden desarrollar un sentido de derecho. Pueden empezar a pensar: “Soy especial, por lo que deben ser capaces de alcanzar el éxito, incluso si no me esfuerzo demasiado. “Este tipo de pensamiento establece hijos en la miseria por el camino, porque no hay nada en la vida que merece la pena alcanzar y a lo que se llegue fácilmente.

3-Esperando lo peor de sus hijos. Algunos padres dicen lo siguiente a sus hijos:

“Eres tan irresponsable”,”Eres un inútil!”,”¡Eres estúpido!”,”¿Por qué no  puedes hacer nada bien?”,”¿Por qué estás tan desmotivado?.Al decir estas cosas a sus hijos no les hará cambiar su comportamiento. Esto se debe a que con el tiempo van a internalizar esas etiquetas que les han sido dadas.

Un niño que cree que es “irresponsable” y “desmotivado” no se vuelve mágicamente convertido en responsable y motivado. En su lugar, va a actuar de acuerdo a esas características. Se convierte en una profecía autocumplida.

¿Cuál es la alternativa?

4-No reconocer el buen comportamiento de sus hijos.

No deje que el buen comportamiento de sus hijos pase desapercibido. Por ejemplo, si usted observa que su hijo ha logrado centrarse durante 20 minutos seguidos, decirle con una sonrisa, “Me he dado cuenta de que te has esforzado para concentrarte durante 20 minutos. ¡Bien hecho!”

Si su hijo presenta su tarea a tiempo, alabarlo por ella: “Estoy orgulloso de ti por conseguir tu tarea hecha y llegar  a tiempo.”

Estos comentarios simples marcan una gran diferencia. Cuanto más se centran en el buen comportamiento de sus hijos, más se va a multiplicar.

5-Tratar de lograr sus sueños a través de sus hijos.

Es fácil ver a sus hijos como una extensión de sí mismo. Después de todo, sus hijos tienen la mitad de sus genes. Pero si se intenta alcanzar sus propios sueños a través de sus hijos, no van a encontrar la felicidad duradera y el éxito.

Cada uno de nosotros tiene su propia carrera por correr, por lo que no coaccionen a sus hijos para que sigan su propia agenda.

Ana Langarita Sánchez Psicóloga (nº col: A-02237)

Llamen a la consulta sin ningún compromiso 976 296 833

 

¿Es el trauma emocional infantil una posible causa de enfermedad en la edad adulta?. ¿Relación con el déficit de atención?

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https://neurofeedbackzaragoza.wordpress.com/2015/07/02/es-el-trauma-emocional-infantil-una-posible-causa-de-enfermedad-en-la-edad-adulta-relacion-con-el-deficit-de-atencion/Las experiencias adversas en la niñez, según un estudio clásico de los dres. Vince Felitti en Kaiser y el Dr. Bob Anda en el CDC, se asocian a un gran número de enfermedades en la edad adulta. El estudio contempló el pasado emocional de 17.500 adultos.

Entre ellos se incluyeron traumas físicos, emocionales, abuso sexual; negligencia física o emocional; enfermedad mental de los padres, dependencia de sustancias, encarcelamiento; separación o divorcio de los padres; violencia doméstica.

Dos anotaciones importantes:

  1. el 67% de la población tenía al menos un episodio adverso emocional. El 12,6% una de cada ocho, tenía cuatro o más.
  2. encontraron que había una relación dosis-respuesta entre los episodios y los resultados de salud.

Para una persona con una puntuación de episodios adversos de cuatro o más, el riesgo relativo de enfermedad pulmonar obstructiva crónica era dos veces y media más. Para la hepatitis, también fue dos veces y media. Para la depresión era cuatro veces y media. Para las tendencias suicidas, era 12 veces. Una persona con una puntuación de siete o más tenían el triple de riesgo de de cáncer de pulmón y tres veces y media el riesgo de enfermedad isquémica del corazón.

¿Cuál es la hipótesis científica?

La exposición temprana a la adversidad afecta el cerebro y los órganos de los niños en desarrollo. Afecta a zonas como el núcleo accumbens, el centro de placer y recompensa del cerebro que está implicado en la dependencia de sustancias. Inhibe la corteza prefrontal, que es necesaria para el control de impulsos y la función ejecutiva, un área crítica para el aprendizaje.

En imágenes de resonancia magnética, vemos diferencias mensurables en la amígdala, el centro de respuesta al miedo. Todo esto hace que sean personas más propensas a involucrarse en comportamientos de alto riesgo.

Por otra parte tienen más probabilidades de desarrollar enfermedades del corazón o cáncer. La razón de esto tiene que ver con el eje hipotálamo-pituitario-adrenal, el sistema de respuesta al estrés

Los niños son especialmente sensibles a esta activación de estrés repetido. Las dosis altas de adversidad no sólo afectan a la estructura y función del cerebro, sino que afectan al sistema inmunológico en desarrollo, el desarrollo de los sistemas hormonales, e incluso la forma en que nuestro ADN lee y transcribe.

CELOS INFANTILES

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Podemos definir a los celos como un estado subjetivo, caracterizado por una sensación de frustración al creer que ya no “nos hacen el mismo caso” o al menos con la misma intensidad y frecuencia que se desea. Es una respuesta exagerada, se prolonga en el tiempo y genera mucho malestar entre los familiares.
En la infancia es habitual la aparición de celos tras el nacimiento de un hermano. El niño mediante los celos se protege (tiene un componente adaptativo) y reclama seguir teniendo la misma atención que tenía antes, provocan frustración y un malestar emocional y a la larga puede generar conductas desadaptadas, baja autoestima y ansiedad .

La respuesta del niño que padece los celos, cursa con envidia y resentimiento hacia la persona intrusa que se percibe como un rival para compartir el mismo espacio afectivo.
Los celos llevan además implícitos un proceso de distorsión cognitiva acerca de ese hecho concreto, los sentimientos de los otros, las consecuencias futuras y, en definitiva, de la percepción de la realidad.

Edad y tratamiento para el TDAH

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¿A qué edad suele padecerse este trastorno?

Los manuales de diagnóstico fijan como edad para determinar el diagnóstico del TDAH los 7 años de edad, pues se establece que hasta la edad de los 6 años, los niños no presentan patrones de conducta fijos, debido a la variabilidad del niño en sus respuestas al entorno.

Estos niños entre los 4 y 6 años tienen de forma progresiva un menor nivel para la aceptación de las normas que los demás, tienen rabietas frecuentes,  más  conflictos con sus compañeros y  se pegan más con ellos porque son más competitivos por su impulsividad. Suelen pedir muchas cosas con insistencia y son intrépidos sin ver el peligro porque además tienen gran actividad motora y curiosidad por todo. En ocasiones también presentan precozmente una conducta disruptiva con variaciones temperamentales y alteraciones de la regulación emocional para su edad correspondiente, lo que repercute en una limitada interacción social e incluso una difícil relación con sus padres  (Mulas, 2012.)

Es complicado confirmar que un niño padece del trastorno por déficit de atención con hiperactividad antes de los 6 ó 7 años de edad. Puesto que muchos de los comportamientos típicos del TDAH, como la falta de atención la impulsividad, la hiperactividad o la desobediencia e incluso una mayor propensión a tener accidentes impulsivamente, pueden ser normales en niños pequeños.
Desde una perspectiva psicopatológica se requiere afinar con mucha precisión el diagnóstico de hiperactividad ya que se corre el riesgo de “sobrediagnosticar” este cuadro clínico (e incluir a todos los niños molestos o con problemas del comportamiento).

¿De qué manera es mejor tratar la hiperactividad?

La terapia combinada de fármacos y tratamientos conductuales parece obtener resultados superiores (66% de éxito) a los tratamientos aislados (50% en el caso de los fármacos; 33% en el caso de la terapia de conducta sola). El fármaco puede hacer frente a  los síntomas nucleares del trastorno y el tratamiento cognictivo puede contribuir a la reducción de la dosis del fármaco, el aumento del grado de satisfacción de los padres y profesores y la mejora de habilidades sociales en el niño.

La tercera parte de los pacientes responden bien al tratamiento y se produce una mejoría clara en torno a los 17-18 años; otra tercera parte mejora, pero con unos niveles de adaptación a la familia y a la escuela insuficientes. Por último la tercera parte restante no evoluciona satisfactoriamente sobre todo si el niño tiene un CI bajo, los padres poseen un nivel socioeconómico humilde y los padres carecen de estabilidad emocional.

En general, la impulsividad y la hiperactividad mejoran entre los 15-20 años pero el déficit de atención es más resistente al tratamiento.

La terapia con neurofeedback ya se considera un tratamiento de primera línea en esta patología. El entrenamiento cerebral tiene la ventaja que una vez terminadas las sesiones, el cerebro mantendrá su nuevo funcionamiento de por vida, no requiriendo nuevas sesiones en el futuro. Estas nuevas formas de tratamiento no tienen efectos secundarios. Los fármacos están asociados con taquicardias, hipertensión, cefalea, insomnio y tics. El tratamiento medicamentoso una vez suspendido no perdura su efecto beneficioso.

En casos rebeldes se puede tratar con estimulación magnética transcraneal.

Ana Langarita

col num A-02237

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TDAH

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¿Cómo detectar el trastorno de hiperactividad en un niño?

El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad es un trastorno de origen neurobiológico que se caracteriza por la presencia de tres síntomas típicos:

  • Déficit de atención
  • Impulsividad
  • Hiperactividad motora y/o vocal

Se identificará como un trastorno cuando estos síntomas o los comportamientos que se deriven se observen con mucha mayor frecuencia e intensidad que en los niños/adolescentes de igual edad e interfiera en la vida cotidiana en casa, la escuela y su entorno general.

No todos los niños con este trastorno manifiestan los mismos síntomas y con la misma intensidad.

Se utilizan una serie de test diagnósticos como el test de Conners ADHD Diagnostic Interview for DSM-IV (CAADID). Aunque existen muchos más, unos dirigidos a la historia actual otros a la historia general. En los niños nos apoyamos en test de percepción, de atención visual o de impulsividad, al igual que la información relatada por cuidadores y profesores.

En los primeros años la hiperactividad y la inatención son los síntomas prioritarios pero a medida que va llegando la adolescencia la hiperactividad decrece, la inatención se mantiene y aumentan las conductas de impulsividad.

Todo ello ligado a un retraso en el desarrollo de la inhibición de la conducta, lo que lleva a un déficit de autocontrol y de regulación de las emociones así como la dificultad de interiorización de las instrucciones externas y en la planificación y organización de la conducta que a su vez agravan el cuadro clínico.

Más allá de un conjunto de síntomas supone un problema global en la vida del niño, repercute en el rendimiento académico que afecta a sus juegos y a sus relaciones familiares.

Los niños diagnosticados con TDAH con predominio de déficit de atención son mas ansiosos y despistados, frecuentemente están desconectados de su entorno y son menos agresivos. En el colegio cometen muchos errores y tienen dificultad para recordar lo aprendido. En cambio los niños con TDAH con predominio hiperactivo-impulsivo presentan más problemas de hiperactividad y de conducta.

Es un trastorno más frecuente en varones que en mujeres. Las niñas tienden a pasar desapercibidas en el colegio y a ser evaluadas a la baja porque sus síntomas, menos relacionados con el exceso de movilidad no resultan tan molestos para los adultos.

Las alteraciones mas habituales en casa son la desobediencia reiterada, las rabietas, el desorden, los insultos, conductas agresivas etc…todas ellas muy relacionadas con la dificultad de seguir normas.

En el colegio los niños hiperactivos que llevan a cabo movimientos rápidos no captan adecuadamente las demandas sociales del entorno y se muestran incapaces de suprimir conductas impropias  (hablar en clase, molestar a los compañeros, interrumpir…) manifestando una consistencia en su estilo de aprendizaje.

Todo esto lleva a los niños a vivir experiencias sociales negativas, a sentirse rechazados por parte de los demás y a tener menos oportunidades de aprendizaje social y general que los niños normales.

Ana Langarita

col num A-02237

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